Lengua inglesa.., sí, ¿pero cuál? Con la llegada de la globalización el inglés ha conquistado el estatus de lengua internacional, desplazando en su expansión a otras lenguas. Este mismo fenómeno, sin embargo, está poniendo en cuestión el obsoleto concepto por el cual el resto de lenguas anglófonas deban seguir supeditándose a una élite que dicte el estándar lingüístico deseable. La realidad es que, en el mundo de hoy, existen tantos ingleses como países en los que se usa el idioma.
 

Por procedencia, la lengua británica viene considerada la versión más “auténtica” de este idioma, aunque, gracias a la enorme repercusión de Hollywood, se ha de admitir que el inglés americano es, sin duda, el de mayor influencia entre los hablantes no nativos. Sin embargo, si sometiésemos al inglés británico a un sencillo examen, descubriríamos escollos ontológicos evidentes. Porque, ¿qué se entiende exactamente por inglés británico?, ¿el que se habla principalmente en Inglaterra, la nación más poblada del Reino Unido?, ¿ tal vez el salpicado de inglés escocés?, ¿o el inglés hablado en Gales o Irlanda del Norte?
 

En este punto, cuidado, porque la obsesión por especificar conduce al reductio ad absurdum, y buscando profundizar a través de los distintos estratos geográficos y sociopolíticos del inglés británico, ahondaremos hasta remontarnos a un pueblito o aldea, sí, pero sin dar con la definición definitiva de “inglés”. Siempre es mejor aceptar que existen variedades de inglés, y que, como tales, han de ser respetadas por sus muchas cualidades e idiosincrasias.
 

Nada ejemplifica mejor las diferencias lingüísticas del inglés que su vocabulario. Los británicos y los estadounidenses pueden compartir ostensiblemente un idioma, pero existen muchas variaciones de léxico. Algunos ejemplos son: pavement (UK), sidewalk (US); petrol (UK), gas (US); lift (UK), elevator (US); aubergine (UK), eggplant (US); autumn (UK), fall (US); full stop (UK), period (US); crisps (UK), chips (US); etc.
 

También hay variaciones en la ortografía británica y estadounidense, que obedecen, en gran parte, a la intervención de un hombre llamado Noah Webster: sí, el del famoso Webster’s Dictionary of English. Webster era un lexicógrafo nacido en Connecticut que creía que la ortografía del inglés podía llegar a ser en ocasiones innecesariamente complicada, por lo que decidió simplificar muchas palabras en beneficio estadounidense. El cambio más conocido, probablemente, fue el que efectuó en la ortografía de las palabras que terminan ‘-our’ en inglés británico, p.e. ‘colour’, ‘humour’, ‘rumour’. Webster eliminó la ‘u’, por considerarla superflua, regalándole al mundo ‘color’, ‘humor’ y ‘rumor’ (grafía que se usa en los Estados Unidos hasta nuestros días). El inglés canadiense y australiano, a menudo, siguen el ejemplo británico, resistiéndose a dejar de lado su sentido de pertenencia poscolonial: de hecho, ambos retienen el ‘u’ en las palabras acabadas en ‘-cour’.
 

Cuando se trata de los nombres de los ríos, el inglés británico coloca la palabra ‘river’ antes del nombre (por ejemplo, ‘the river Thames’), mientras que el inglés americano la ubica después (por ejemplo, ‘the Hudson river’). Al formar sustantivos compuestos usando un verbo y un sustantivo, el inglés británico favorece el gerundio (por ejemplo, skipping rope, filing cabinet) mientras que el inglés americano opta por el infinitivo verbal a secas (por ejemplo, jump rope, file cabinet).
 

La jerga es el campo minado más grande para un hablante no nativo. La jerga puede diferir mucho de un país anglófono a otro, aunque a menudo habrá algunas expresiones compartidas. Por ejemplo, los australianos llaman ‘sickie’ (tomarse un día libre de trabajo) cuando se sienten enfermos; la misma palabra se usa en el Reino Unido. Sin embargo, si un australiano habla de un ‘gurgler’, o dice ‘hooroo!’, o se queja sobre el número de ‘reffos’ en las calles, un británico, canadiense o estadounidense responderá con incomprensión (‘gurgler’ significa drenaje, ‘hooroo’ significa adiós o nos vemos, y ‘reffo’ significa refugiado). En Gran Bretaña, hablamos de ‘chuffed’ (estar contento); un australiano o neozelandés podía entender esta palabra, pero es muy probable que un estadounidense o canadiense no lo haga (a menos que haya pasado un tiempo significativo en el Reino Unido).
 

De hecho, siempre es mucho más probable que los hablantes de inglés británico, australiano, canadiense y neozelandés comprendan la lengua vernácula estadounidense por influencia de los films (o ‘movies’, en inglés americano) de Hollywood, que al contrario. Los británicos, los australianos y los neozelandeses son más propensos a usar expresiones estadounidenses en sus relaciones comerciales cotidianas.
 

Por ejemplo, la expresión neoyorkina ‘can I get’ es cada vez más popular, más que la de ‘can I have’; p.ej.: ‘Can I get a cup of coffee?’ Esto podría provocar confusión en los hablantes de inglés de más edad, no tan aficionados al inglés americano como sus compatriotas más jóvenes, muchos de los cuales han sido criados a base de comedias americanas tipo “Friends” o “Seinfeld”. A la pregunta, ‘Can I get some paper?’ una persona inglesa mayor podría responder “Sí, sírvase usted mismo”, pensando que la otra persona está pidiendo permiso para coger papel, cuando el significado pretendido sería: ‘Can you give me some more paper?’ (¿Me puede dar papel?).
 

Algunas expresiones simplemente no tienen paralelismo de un país a otro. Por ejemplo, la expresión británica ‘taking the mickey’ refleja la tendencia británica e irlandesa de tomar el pelo o burlarse de los amigos. Aunque este rasgo también es evidente en los EE. UU., el hecho de que no haya una frase equivalente (aparte de algo más impreciso como ‘yanking my chain’) destaca las diferencias en su carácter nacional. Los británicos e irlandeses son aficionados a participar en bromas un tanto agresivas; los estadounidenses siempre reaccionarán con perplejidad ante lo que consideran una actitud algo belicosa entre amigos.
 

Respecto al tema gramatical, una peculiaridad particularmente irritante para los hablantes no nativos —y, de hecho, para los hablantes nativos de inglés de otras regiones o países diferentes— es el rasgo que se evidencia en el sur de los Estados Unidos (como en el de Alabama), donde los hablantes emplean dos formas verbales donde normalmente se usaría una. Por ejemplo, alguien podría decir “Might should we have invited Jim?” o “I was afraid you might couldn’t find it”, en lugar de “Should we have invited Jim?” and “I was afraid you might not find it” (“¿Deberíamos haber invitado a Jim?” y “Temía que no pudieras encontrarlo”). Esta particularidad lingüística no ocurre en inglés británico, canadiense o australiano, ni en otros dialectos de inglés americano.
 

En términos de pronunciación, los hablantes de inglés canadiense y estadounidense remarcan la letra “r” en palabras como “father”, mientras que los hablantes de inglés y australiano no lo hacen. Sin embargo, las diferencias en la pronunciación ocurren de una ciudad a otra.

Tal es la diversidad del habla inglesa.
 

J. Crowley
Traducción: C. Fernández