Año tras año, con motivo del día de Sant Jordi, la ciudad de Barcelona entra en efervescencia. Durante su celebración, calles y plazas adquieren un colorido y una animación únicas tras acoger a un sinfín de gentes, puestos de libros y rosas. Sant Jordi se ha consolidado como un acontecimiento emblemático de innegable sabor popular durante el que las parejas intercambian libros y rosas en símbolo de amor, cultura e identidad. La celebración de Sant Jordi —aquel héroe que según la leyenda salvó a la princesa de un feroz dragón que amenazaba con devorarla fuera de las murallas de Montblanc—, es, a día de hoy, no ya una fiesta, sino una tradición fuertemente arraigada en la sociedad catalana.
 

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Curiosamente y, como tal, San Jorge también es el santo patrón de países como Rumanía, Portugal, Georgia e Inglaterra, entre otros. Gran Bretaña, por ejemplo, ha visto aumentar en los últimos años la popularidad de esta celebración que conmemora la muerte de Saint George cada 23 de abril, convirtiéndose en un día festivo de marcado carácter nacional y, posiblemente, de más protagonismo en tierras inglesas. ¡No deja de resultar paradójico que su figura se asocie a los ideales ingleses de honor y gallardía cuando el santo mismo no fue realmente inglés!

Es poco lo que se sabe del hombre real, mucho de lo que nos ha llegado hasta nuestros días es fruto de mitos, pero en lo que sí parece haber consenso es que San Jorge fue un soldado romano que sufrió martirio por negarse a renunciar a la fe cristiana. Las cruzadas contribuyeron a expandir su nombre al punto que, ocho siglos después de su muerte, el alcance de su leyenda es tan abarcador que bien pudiera haberse llamado Superman o Jamen Bond. Venció a sus enemigos, se mantuvo fiel a sus creencias y, por demás, y según los ingleses, mató a un dragón en Dragon Hill, Berkshire.

La evidencia histórica parece indicar que San Jorge nació en Capadocia, la actual Turquía, de hecho es allí, en la dinastía merovingia, donde se descubre el primer indicio de veneración a su figura. En el siglo XIV el rey Eduardo III, conocido por promover el código de caballería, entendiendo que ésta debía contar con un patrono con tintes épicos que representase la valentía de sus valores, decide nombrar a Saint George patrón de Inglaterra.

 
J. Mitchell
 

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